Galería de imágenes del comienzo de los Trece Martes.
Fotografias NH Andrés García Rodríguez.
Como viene siendo tradicionalmente y según dictan las Santas Reglas de la Antigua Pía Unión y Hermandad de San Antonio de Padua, el próximo martes 16 de marzo, dará inicio el Solemne Ejercicio de “Los Trece Martes” en honor a su amantísimo Titular, donde se podrá seguir desde las 8 de la mañana a cualquier hora del día, a través de sus redes sociales. Con motivo del inicio de estos cultos la Imagen Bendita de San Antonio y el Niño Jesús estarán postrada en el suelo de su Retablo Mayor, para acercar la imagen a todos los/as hermanos/as y devotos, sin poderse realizar el besapiés, debido a las medidas sanitarias que nos encontramos referente al COVID-19.
El origen de los Trece Martes es muy antiguo. Poco después de la muerte del Santo se le comenzó a venerar en martes, aunque el Santo paduano murió un viernes, 13 de junio. El martes siguiente tuvo lugar la traslación del cuerpo del Santo desde Arcella a Padua, y en este día obró en Padua San Antonio toda una serie de milagros. Este fue el motivo por el cual los habitantes de Padua tomaron costumbre de visitar y venerar el sepulcro del Santo especialmente los martes.
Esto fue el principio de la devoción de los martes dedicados a San Antonio. Tras esto, se introdujo en Padua la costumbre de practicar nueve martes seguidos en honor del Santo paduano, y en estos martes se le honraba y se le pedía alguna gracia. Esta devoción se propagó luego por toda Italia, hasta que en el año 1617 obró el Santo un prodigio estupendo por esta devoción. Dos esposos estaban muy apenados, porque, después de 22 años de matrimonio, no tenían sucesión. La esposa, en su tribulación, acudió a San Antonio, pidiéndole auxilio en su desgracia. San Antonio se le apareció en sueños y le dijo: -Visita nueve martes seguidos mi imagen en la iglesia de San Francisco, recibe allí los Sacramentos y verás tu anhelo cumplido. Puso en práctica aquella mujer cuanto le dijo San Antonio y, por fin, dio a luz un hijo. Mas su gozo no fue completo, pues el niño no daba esperanza de salud. Ella, llena de fe en su Santo protector, hizo que le llevaran el niño al altar del Santo. ¡Cosa admirable! Al volver a los brazos de su madre quedó curado y lleno de vida. Este milagro se propagó y contribuyó a que se extendiera más y más la devoción de los martes de San Antonio. Andando el tiempo, debido a la piedad de los devotos del Santo, el número de los martes se extendió a trece.
El Papa León XIII no sólo aprobó y bendijo esta devoción antoniana, sino que concedió indulgencia plenaria a cada uno de los trece martes dedicados a San Antonio, con tal que sean seguidos. Lo cual se puede hacer en cualquier época del año. Primero, concedió esta indulgencia a los cofrades de la Pía Unión. Mas luego, en el año 1898, se extendió a todos los fieles que, confesados y comulgados, visitaren una iglesia con la imagen del Santo.
Amantísimo y solícito protector mío San Antonio: postrado humildemente a tus pies, te ofrezco estos piadosos ejercicios, para que me obtengas de la divina Majestad, el perdón de todos mis pecados, las virtudes cristianas, la perseverancia final y la gracia especial que solicito. Y si esto no me conviene, la conformidad con la voluntad de Dios, tanto en ésta como en todas mis adversidades. Haz, oh santo glorioso, que durante estas trece semanas que consagro en tu honor, me conserve en gracia y amistad de Dios y que nunca me aparte de El por el pecado, para que después se me conceda estar en tu compañía por toda una eternidad en la Gloria. Amén.
Considera hoy a San Antonio como estrella de amor. que te excita a que purifiques tu corazón con las aguas de la penitencia, lo adornes con la hermosura de las virtudes y lo consagres totalmente al amor de Cristo Jesús sin que criatura alguna tome parte en él. Para eso propone a tu consideración el amor de que él se hallaba abrasado y que ocupaba todos sus pensamientos, palabras y obras.
Considera hoy a San Antonio como estrella de gloria manifestada a los hombres con tan brillantísimos rayos, cuantos son los prodigios que sin cesar obra en favor de sus devotos. Estos prodigios son otras tantas voces que nuestro santo nos envía desde el cielo, para que despreciemos las glorias mundanas y las terrenas y aspiremos a la única gloria verdadera que es la que él posee y la que ardientemente desea lleguen a poseer todos sus devotos.
Considera hoy a San Antonio como estrella de salvación que por disposición divina te guía al puerto de la eterna bienaventuranza, proponiendo a tu imitación sus heroicas virtudes y brindándote con sus luces y auxilios, para que atravieses sin anegarte el proceloso mar de este mundo.
Considera hoy a San Antonio como estrella de alegría que te exhorta a renunciar los falsos contentamientos de este mundo para gloriarte y alegrarte sólo en la Cruz de Cristo, en servirle con fervor y buena voluntad y en sufrir todo por su amor, como lo hacía el mismo Santo.
Considera hoy a San Antonio como estrella de consuelo en todas las tribulaciones e infortunios que padezcan sus devotos. Nadie ha acudido en vano a su intercesión y todos, por otra parte, la necesitamos mucho para no desesperar en este valle de lágrimas y para que se nos hagan dulces los trabajos que sobre nosotros pesan continuamente. Del corazón de San Antonio, brotan torrentes de dulzura que suavizan nuestros dolores, curan nuestras llagas y nos hacen llevaderos los mayores padecimientos.